Mr. Trolvo

Todo el mundo tiene sueños. Nosotros, tenemos coches de ensueño; probablemente tienes una lista de ellos, y probablemente detallaste años de fabricación, extras, colores…

Considero que si me estás leyendo, es muy probable que hayas sobrepasado la barrera de “me gustan los coches”, entrando en un nuevo nivel prácticamente obsesivo. Cada uno llega al mundillo de una forma: unos por herencia de familia, otros de rebote, otros por pasión autogestionada -entre los que me incluyo-… Pero lo que a todos, en definitiva, nos hace caer enamorados de “ese trasto” es la impresión general, la combinación de todos los elementos que nos atraen, la atracción de los primeros momentos…

Me sorprendo ahora escribiendo esto y dándome cuenta de lo mucho que cambió mi mente (si leíste mi presentación sabes de lo que hablo). Evolución natural hacia unas metas más acordes a mi verdadera manera de entender esta afición. Mi temprana experiencia me brindó la oportunidad de liarla progresivamente y de darme cuenta de ello para ponerle solución.

Pues bien. El que os voy a presentar aquí y ahora representó un salto muy grande hacia delante en mi “lista de coches” personal.
Soy fan absoluto de todo lo que huele a sleeper, a troll… tú ya me entiendes. Mucho tiempo dándole vueltas y haciendo números, planteando todas las posibilidades que se me iban ocurriendo, barajando incluso combinaciones garajiles, etc., me llevaron a decidir cuál es el tipo de coche que realmente me llenaría en esta etapa de mi vida. Haciendo gala de las dotes que me proporcionó la LOGSE (y en honor a esas costumbres que seguro compartimos cada vez que la fantasía ataca), me puse manos a la obra en la noble tarea de examinar detenidamente las páginas de anuncios durante horas y horas. A lo largo de algunos meses seguí el mercado de T5R’s, V70R’s, S60R’s y fauna similar esperando una oportunidad/excusa… Como la que se me presentó.

El anuncio vendía un coche que marcaba 59.369 kms, alababa su espectacular estado de conservación, predisposición a explicar más detalles… y fui el primero en llamar. La persona que lo vendía se mostró profesional -compraventa de coches de lujo con un catálogo chulo- y me inspiró confianza. Me contó que el coche había pertenecido a un directivo de no se qué empresa textil fallecido hace un par de años, que quienes lo tuvieron desde entonces fueron los hijos del buen hombre -a su vez amigos de mi interlocutor-, que la razón de la venta era la falta de uso, que eran gente sin problemas económicos que nunca le habían llorado un centavo al coche, que ellos lo habían llevado a la Volvo la semana anterior para dejarlo perfecto de cara a un nuevo dueño (!!), que por ejemplo los amortiguadores delanteros los cambiaron porque en el taller les dijeron que “de no usar el coche se podían acabar estropeando” (!!!!), que los kilómetros estaban certificados tanto en libro de mantenimiento como el las ITV’s, que… En fin… Cuelgo el teléfono con mariposeo estomacal.

Miro y re-miro el anuncio, y al día siguiente vuelvo a llamar. El coche ya tenía pretendientes ¡noruegos! Me pongo nervioso, reporto al azar, llamo, nos pasamos otra media hora contando películas de coches, el hombre me sigue inspirando confianza y se enrolla bastante… y… acabo apalabrando el coche.
Esa noche me carcomió un lote variado de sentimientos. Una parte de mi no se creía lo que acababa de pasar. Pensaba en los errores del pasado, en las buenas intenciones que acababan en liada parda… Y para más INRI, esa tarde había perdido por primera vez en mi vida la cartera… Por lo que no pude ni hacerle la transferencia de reserva que habíamos acordado, ni comprar billete de avión, ni nada de lo que tenía previsto. Tras el atracón de sentimientos contradictorios vino un día de sosiego: ¡aparece intacta mi cartera! Y antes de nada me voy a tráfico a pedir informe -el coche estaba legalmente limpio, todo coincidía con lo que se me había contado-; acto seguido me compro el billete de avión para el día acordado, le ingreso la reserva, envío a la gestoría mi documentación para que todo esté listo el día de la recogida, ídem con el seguro… Y ya no había vuelta atrás. ¡En dos semanas me iba a Sabadell a recoger mi nuevo coche!
Los días no pasaban. Fueron unas semanas muy largas. Noches de esas de levantarse a una hora cualquiera para empollar datos y ver vídeos. Tachando los días mientras iba gestionando el futuro de mi C5. Tratando de no decirle nada a nadie para gozar del factor sorpresa -ok, en realidad no, fue imposible-. Mirando el mapa para ver la ruta más interesante con la que estrenarnos… Y… ¡¡El día llegó!!

 

Continuará en “Parte 2”

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